1840 - FOTOHISTORIA - 1940

UN SITIO PARA LA HISTORIA DE LA FOTOGRAFÍA ARGENTINA Y LATINOAMERICANA

Julio Felipe Riobó fue un pionero de la historia de la fotografía en la Argentina y damos este texto al público como ejemplo del enfoque que se dió a esta disciplina en sus orígenes.

Texto introductorio a la Primera Exposición de Daguerrotipos, organizada por Riobó.  Lo hemos tomado de la segunda edición (Buenos Aires, 1950), ( primera: Chascomús, 1942 ) y hemos excluído las imágenes y su descripción  por limitaciones de calidad gráfica.

                                                                                    

 

pronunciada con el auspicio de la Comisión de Bellas Artes y de Historia Regional del Museo Pampeano de la Provincia de Buenos Aires en

                                                                                CHASCOMÚS

FOTOGRAFíA Y DAGUERROTIPIA

"Antes que se publicaran los detalles de su invento, Daguerre por insinuación de Arago obtuvo la primera fotografía astronómica, pero con mediocre resultado. Después de ellos, uno de los primeros que comprendió la trascendencia de este hecho, fué el sabio astrónomo inglés William Herschell, quien a fines de 1839 captó sobre placa de vidrio, una fotografía de la bóveda celeste de gran significado astronómico. En el mes de marzo de 1840 John W. Draper, de Nueva York, obtenía las primeras fotografías de personas, y la primera fotografía astronómica lunar que diera detalles de las áreas claras y obscuras, tras una exposición de veinte minutos". (The Sky, agosto y septiembre de 1941. Traducción del Sr. J. G.). "De la Revista Astronómica. Buenos Aires". Organo de la "Asociación Argentina Amigos de la Astronomía". (Nota de R.F.: error del articulista de The Sky, no se usaban placas de vidrio por esos años)

¿Cómo se obtenían retratos antes de la invención de Daguerre? Pinturas, dibujos, miniaturas, grabados o efigies, eran los medios de que disponían los hombres para perpetuar su imagen ante los descendientes o ante la posteridad. El artista pintor y el miniaturista daban libre curso a su fantasía decorativa y transformaban a su modelo en un poema de sedas, joyas y plumas. El parecido, tan difícil de lograr antes como ahora, no era mayormente indispensable en el afán de obtener de su acaudalado cliente, la conformidad de su vanidad satisfecha. Pues casi únicamente los privilegiados de la fortuna podían permitirse estos bellos lujos. Las personas, las cosas, los paisajes sufrían una interpretación convencional. Por eso cuando Francia, generosa, adquirió del hijo de Niepce y de Daguerre en 1839, el secreto de una de las más bellas invenciones francesas y con altruismo lo libró al mundo, los entusiastas gritaban: al fin una máquina dirá la verdad, la reproducción será idéntica al original y "monsieur tout le monde" podrá adquirir un retrato decente. Cuando el Dr. Fernández Saldaña alude con fina ironía a la honestidad incorruptible de la máquina, cita al poeta francés Gerard de Nerval, el cual llamó al Daguerrotipo "gran destructor de ilusiones", por cuando colocaba ante los ojos de cada uno, el espejo de la verdad. ¡Pero qué arriesgado es profetizar! Pues si bien es cierto que el Daguerrotipo fué respetuoso de la imagen, no pudo imaginar Gerard de Nerval que a medio siglo de distancia, nuevas técnicas, nuevas máquinas y un nuevo y sutilísimo arte que adultera hermoseando -el arte del retoque-, establecería hoy como antes una gran diferencia entre el original y la copia. Y tal vez sea mejor así.

El año 1933 se celebró en Francia el centenario de la muerle del inventor de la fotografía: Nicéforo Niepce. Entre los muchos actos públicos y homenajes oficiales, se organizó en París en la Galería Colle, una exposición de Daguerrotipos que en número de unos ciento cincuenta constituían la colección de Miss Bonney. En 1939, Estados Unidos estuvo en primera línea en la recordación del centenario del invento de Daguerre.

En nuestra República existen Daguerrotipos del mayor significado histórico, pues conservan un documento iconográfico de algunos de los más conspicuos forjadores de la Nación. En el Museo Histórico Nacional, entre otros, se conserva uno del General San Martín tomado en Francia en el año 1848. Otro del General Urquiza, obtenido alrededor de 1850, según todas las presunciones en el Palacio San José. Dos del Dr. Juan Bautista Alberdi, y uno del General Mitre, que data de 1862. En el Museo Mitre existe un valioso ejemplar del estadista que dió nombre a esta casa de estudios -Don Bartolomé Mitre-, anotado con la fecha del año 1842; probablemente sacado en Montevideo.

El Museo Colonial e Histórico de la Provincia de Buenos Aires, sito en Luján, ricamente dotado en Daguerrotipos, posee una cuarentena de ellos, entre los cuales las efigies del General Juan G. de las Heras, Dr. Guillermo Rawson, Dr. Valentín Alsina, Dr. Tristán Achával, Gobernador de Córdoba, y General Manuel Hornos. Además uno del General Juan Antonio Lavalleja, del Uruguay. Es de toda justicia poner de relieve el alto vuelo alcanzado por este Museo Provincial, bajo la inteligente e infatigable labor de su Director, Don Enrique Udaondo.

El conocido anticuario Sr. Frigen me ha proporcionado la ocasión de poseer un espléndido Daguerrotipo del Gobernador de Salta, Don Miguel Otero, realizado en Buenos Aires en el año 1845, según documento que acompaña al retrato y que está a la vista en esta Exposición. Salvo prueba en contrario, me inclino a creer que sea ésta la pieza de colección particular más antigua que se conserve en nuestra ciudad. Este Daguerrotipo tiene, pues, la venerable edad de noventa y siete años.

En la cámara oscura, las imágenes percibidas a través del diminuto portillo, sufren una trasposición látero-lateral. Circunstancia que si no trastornaba a la figura de las personas, ya que éstas se veían como al mirarse en un espejo, era chocante el modo como afectaba a los caracteres de un cartel o de una inscripción. Estos se veían, a los fines de la lectura, colocados de derecha a izquierda y como vistos por la parte posterior. Al revés de lo que corresponde.

En la pág. 36 se reproduce un curiosísimo ejemplar de raro Daguerrotipo, el cual exhibe el frente una casa de comercio, donde puede leerse en la parte superior el nombre de los propietarios, SPARROW & NAVARRO, visto con la inversión anotada.

Los retratos obtenidos por la Daguerrotipia tenían ventajas y defectos. Entre las primeras, figura lo que podríase calificar de detallista. Es sencillamente admirable la nitidez y exactitud de las mínimas líneas, formas o dibujos. Mil pormenores, que no alcanza a descubrir la vista, son revelados con una lente de aumento. Como documentación, era perfecto.

Pero, si al retrato deseábase darle expresión o contenido psicológico, como podía hacerlo el arte de la pintura, la inmensa mayoría no lo demostraban. Bien es cierto que por causas ajenas al retratado y en parte al fotógrafo. Impresionados los solicitantes por las recomendaciones de guardar estricta inmovilidad y evitar el pestañeo. Mas la ansiedad causada por las respiraciones superficiales o contenidas, el fastidio derivado de los férreos soportes que lo apoyaban, sin olvidar el perjuicio económico si por su culpa se anulaba la plancha de cobre, eran razones más que suficientes para restar expresiva naturalidad a la fisonomía y a la actitud.

Solamente la brevedad de la exposición acabó con las caras adustas, facciones contraídas y las posturas forzadas o teatrales, que en definitiva era todo lo contrario de la espontaneidad.

Hubo sin embargo, aún en los primeros tiempos, quienes como el pintor escocés Hill, y veinte años después el francés Gaspar Félix Tournachón (Nadar), lograron dar carácter propio, arte y expresión, haciéndose notar, especialmente Hill, por las bellas imágenes logradas.

En cuanto al "motivo" que impresionarían a las planchas de cobre de la Daguerrotipia, predominó en Buenos Aires durante muchos años, el retrato. En segundo término, vistas de edificios o paisajes de la costa del Río. Veinte años más tarde, se estamparon grupos de ingenua teatralidad, que simulaban escenas cómicas, tanto como amistosas.

Como una rareza he visto en la Daguerrotipia el desnudo como tema; ya fuera el artístico y de buena ley, o... el de los otros.

El año próximo de 1943 se cumplirá el centenario de la llegada a Buenos Aires del primer Daguerrotipista o Fotógrafo. El 22 de junio de 1843 el Sr. G. Elliot, instaló su estudio en la Recoba Nueva, altos del nº 56, plaza de la Victoria. Previene que el tiempo que se requiere para sacar un retrato varía de veinte segundos hasta un minuto y medio. Cobra 100 pesos por cada uno con su cajita de tafilete. El 21 de junio de 1845 el Sr. Juan A. Bennet anuncia que saca retratos de Daguerrotipo con colores en la calle de la Piedad nº 121, altos. A mediados de enero de 1846 el Sr. Tomás C. Helsby, sucesor del Sr. Bennet, invita a visitar su establecimiento en el mismo domicilio para tomar retratos y miniaturas al Daguerrotipo.

En el año 1852, Carlos D. Fredricks, ofrece Electrotipos y vistas de la ciudad de Buenos Aires en láminas grandes.

El primero que anuncia la práctica de la Fotografía en papel, el 15 de noviembre de 1853, es el Sr. Camaña, sito en la calle Chacabuco nº 60. Quien asimismo da cuenta que posee otra gran novedad: el Estereo Daguerrotipo, con doble retrato y dobles lentes, desde luego, y al que la imaginación popular bautizó con el nombre de "retratos de bulto".

Cuatro meses después, al siguiente año, el fotógrafo Weishaar practica la misma innovación con el nombre de photographia en papel.

El año 1855 los fotógrafos Sulzman, Bossi y Masoni se ofrecen para tomar retratos ya sea por Daguerrotipo, ya por fotografía. Para los Daguerrotipos tienen máquinas tan rápidas que por mucho que se mueva un niño, se le estampa perfectamente. Precios: con caja o en cuadro, plancha entera 200 pesos, media plancha 150 pesos. Fotografías coloreadas desde 500 a 300 pesos. Bien entendido que por un ejemplar. Era mucho dinero en aquel entonces, gastar cien pesos en un retrato, pero pagar 500 pesos moneda corriente estaba sólo al alcance de las personas adineradas. Pero en su rápido progreso la Fotografía aventajando a la Daguerrotipia, reduce los precios y ofrece varias copias. En agosto de 1855 el fotógrafo L. Artigue, ofrece por el ínfimo precio de 100 pesos cinco retratos tipo tarjeta de visita que se podrán encerrar en una carta. Y por primera vez se anuncian miniaturas fotográficas, sobre marfil para medallones, broches o brazaletes.

En el año 1858, el mismo profesional ofrece por la primera vez en Buenos Aires retratos en vidrio, llamados Ambrotipos y que él define un nuevo método de retratos que no dan reflejos ni son afectados por el calor o la humedad".

A fines de ese año 1858 los señores Meeks y Kelsey anuncian retratos fotográficos de tamaño natural sobre lienzo (pintura en fotografía). Y el año 1859 el progresista Artigue en su local de la calle Cangallo nº 157, esquina Maipú, recuerda la belleza de los retratos de bulto, o sea retratos dobles para el estereoscopio, en vidrio o papel.

Aproximadamente por los años de 1860, apareció la Fotografía en lámina metálica (vulgo latíta). Llamada Melanotipía por unos y Ferrotipía por otros, predominó esta última designación.

No incubó hermosos retratos como para sustituir a los sistemas anteriores y el gusto de la clientela los recluyó al pequeño formato de óvalos o medallones, destinados a relicarios y prendedores. En el orden técnico, obtenía directa y rápidamente pruebas positivas.

Pero si el resultado no pudo interesar a los profesionales, con razón, tuvo dicho sistema una derivación inesperada. La extraordinaria rapidez y facilidad del trabajo, tanto como su poca categoría, la convirtió al punto, en una modesta y fructífera industria callejera.

Muchos aún, hemos visto en Buenos Aires, a fines del 1800, simpáticos fotógrafos ambulantes ofrecer su trabajo profesional en el Puerto, en la Plaza de Mayo o en el Jardín Zoológico, a inmigrantes, marineros extranjeros, estudiantes que se regalaban con un furtivo descanso creyéndose terriblemente recargados, matrimonios que paseaban su prole el día domingo, etc., etc. Al fin, de alguno obtenían resignado consentimiento, acaso efecto de tenaz persecución.

Rápidamente sucedíanse la exposición y la revelación. Luego de un baño propinado a la latita mágica, el calor de la llama de un fósforo apresuraba la desecación. Operaciones acompañadas de sonrisas, cuyo toque final consistía en repetidas lamidas, que a juicio de los modestos industriales constituían un requisito indispensable para la nitidez de las imágenes. Las plaquitas de forma rectangular medían cuatro por seis centímetros. El color del retrato era gris muy oscuro o marrón negruzco, segun la clase de la placa. Aunque el retrato no fuera hermoso, seducía la baratura y guardábase como grato episodio de un paseo.

Evidentemente el Daguerrotipo y el Ambrotipo, agonizaban. Sufrían el mote de cosa antigua y pasada de moda. Ni la belleza propia de esa clase de retratos, ni el delicado aderezo que las protegía, en el que rivalizaban el cuero estampado dorado o charolado, el nácar, las incrustaciones y en las cajas de pasta los lindos recuadros o las escenas de época trabajados en alto relieve, retardaron el próximo fin de las creaciones de Daguerre y de Archer. Poco antes de 1870 desaparecieron los Daguerrotipos y del año 1872 datan los últimos Ambrotipos, cuya fecha me conste.

He ahí, brevemente expuestas, las etapas transformadoras de la Fotografía; la coexistencia de los distintos sistemas, la decisiva preferencia de la clientela por la novedad últimamente presentada y el indefectible final de una lucha de simple orden económico, que determinó la supervivencia de uno y la muerte de otro. Por el precio de un Daguerrotipo o de un Ambrotipo de tamaño chico, el fotógrafo daba una docena de retratos en tarjeta. Así quedó dueño del terreno el negativo de vidrio y las copias en papel.

Nada podía oponerse a la ley de la evolución y el Daguerrotipo pasó a la categoría de recuerdo histórico.

Varios llevan el nombre del fundador de esta ciudad: el Capitán Don Pedro Nicolás Escribano. Ellos me comunican el impulso espiritual necesario para dirigirme a Clio, y en sus alas dedicar homenajes a aquellos inmortales Quijotes -y dicho está Ibéricos-, que revelaron al mundo el suelo que habitamos. A través de las generaciones, derruidos los Imperios autóctonos y organizada esta América en Gobernaciones y Virreinatos, perduró aquel espíritu de aventura para servir al Rey y para engrandecer a España. Trescientos años después, el mismo espíritu encarnado en Alféreces y Capitanes cumplía la misión encomendada a los Virreyes, -ir a ensanchar los dominios- disputando la posesión de la tierra a los Infieles. De este arranque secularmente sentido y transmitido, salió el nombramiento del Capitán Don Pedro Nicolás Escribano; y de su hombría y gran alma hispano-criolla, el cumplimiento de la fundación de esta Guardia de Chascomús. ¡ Que perdurable honra le sea reconocida!

El magnífico Daguerrotipo que muestra la efigie de Don Jaime Casalins, parece desprender la serena energía y prestancia de un Alcalde del Rey. Su vida fué dedicada integralmente al esfuerzo dcl país, que pugnaba por organizar su economía. Hombres de tal empuje son tan necesarios, hoy como ayer, y va en ello su mejor elogio. La técnica v conservación del retrato, son perfectas.

Otras piezas y Daguerrotipos, para concretarme a las expuestas, conservan la imagen de representantes de las viejas familias de esta zona: Casco, Arístegui, Machado, Casalins, Girado, López Escribano, Izurieta, Planes, Placé, Deytieux, Alday, etc.

Uno de los detalles que más fuertemente atraen en la contemplación de los Daguerrotipos, es la indumentaria. El Gobernador Otero ostenta una fina casaca, y como buen federal, luce la divisa en el ojal de la solapa y chaleco rojo; ambos coloreados de rosado fuerte. Levita y galera alta eran de rigor en los más paquetes y completaban su aliño personal con la ancha corbata de seda negra que daba dos vueltas al caello y se anudaba por delante con ancho moflo. Los guantes calzados, algún libro en la mano o en la mesa vecina y la postura afectada, componían, a veces, un empaque cercano a lo cursi. Pero el adorno más llamativo son las cadenas de oro de los ricos hacendados. Rodeaban el cuello, debajo del saco; unidas en la parte delantera por una anflía, caían en amplia curva sobre el abdomen antes de unirse al reloj en el bolsillo del chaleco. Tenían cerca de dos metros de largo. Yo he alcanzado a ver en mi niñez un fragmento como de treinta centímetros de lgrgo, sexta parte de la cadena del abuelo. Los retratos realizados alrededor del año 1860 muestran el bigote unido a las patillas bien pobladas que tomaban todo el ángulo de la mandíbula, pero dejando el mentón afeitado; moda llamada por los españoles, chuletas. Así, en los del Dr. J. Teodoro Baca, Don Juan V. Casalins, Don Basilio Grigera, Don Benedicto López Escribano, Don Juan Manuel Tinao.

En cuanto a los trajes de las señoras, puede observarse la más rica variedad en los vestidos con miriñaque. Algunas evocan figuras de Velázquez, con su cintura de avispa moldeada por torturante corsé y sustentada por ampulosa falda recubierta de anchos volados de encaje negro. Otras imponentes y globulosas, por sus encorpados pliegues y fuertes reflejos, suponen gruesa y rica tela de seda que al decir de las señoras con superlativa expresión, "esos vestidos se paraban solos".

Como lo dice la vieja frase latina "nada de nuevo hay bajo el sol", prevengo a las jóvenes de la última generación que la reciente "última moda" de las redecillas para el cabello, formó parte del tocado femenino ochenta años atrás. Aquellas redecillas eran de cordoné de seda negra o de felpilla; aplicadas como un casquete dejaban caer sobre los hombros borlas de seda o cintas de terciopelo, como puede verse en varios Daguerrotipos y retratos sobre vidrio.

Tres Daguerrotipos en estuche muestran deliciosos retratos de niños paquetes. Las niñas de corto vestido en rigurosa moda de la época, ostentan largos calzones blancos bordados. Algunos con festones de picos llegan al borde de la bota de caña alta; otros muy anchos, con entredoses, llegan hasta la suela del calzado. Recuerdan un poco los calzoncillos cribados de los paisanos de hace cien anos.

De las alhajas que completaban el tocado de las señoras, las de tipo "medallón" son las que con mayor frecuencia se ven en los Daguerrotipos y en los retratos sobre vidrio. La mayo parte de las veces, depositarias de cabello o retratos de amados deudos, ya idos, eran designados "relicarios o guardapelos", y sus retratos "miniaturas". Se usaban bajo la forma de prendedor, o péndulo de una cinta, larga o corta que rodeaba el cuello. Los había de todos tamaños, y el material de oro, azabache, camafeos o pedrerías, les daba variedad infinita; pero lujoso o modesto a nadie le faltaba el suyo.

Alguna miniatura de Daguerrotipo del tamaño de un medallón, era destinado a ser guardado en un pequeño y chato estuche ovalado. Así puede verse uno del eminente hombre de ciencia Dr. José Teodoro Baca, quien después de haber prestado sus servicios médicos en Cepeda y Pavón, fué profesor, académico y vicedecano de la Facultad de Medicina. Cumplió su deber con abnegación en aquellos meses fatídicos a principios de 1871, cuando la fiebre amarilla puso su nota de dolor y de pánico en Buenos Aires.

De semejante tamaño y estuche hay una preciosa miniatura fotográfica sobre vidrio de Da. Vitaliana Gómez de López Escribano.

Otro prendedor de oro tiene una miniatura de Daguerrotipo y un rulo; es el retrato tomado en el año 1860 a los seis meses de edad de Don Celedonio Pereda, cuya reciente desaparición ha sido tan lamentada, después de límpida trayectoria de honorabilidad inspirada en el ejemplo de sus padres.

Daguerrotipo miniatura de pequeñez excepcional (veinte milímetros de diámetro) nos muestra el relicario que guarda el retrato de Don Benedicto López Escribano, notable por su nitidez y conservacion.

Dos piezas hermosas de las presentadas en esta oportunidad con los números 21 y 36 del catálogo un Daguerrotipo y un Retrato sobre vidrio traen su pequeña leyenda familiar, que en un caso he oído relatar a una descendiente y reputo perfectamente verosímil; en el otro, yo mismo en el año 1890 he oído el comentario a las hermanas de la retrada. Aunque el Daguerrotipo sea anterior a 1860 y el Ambrotipo posterior a esa fecha, las dos noticias coinciden en que los espléndidos trajes dignos de un gran sarao, que se ven en dichos retratos fueron encargados para un 25 de Mayo y lucidos en el Teatro Colón en una gran gala de ópera.

La fiesta inaugural del soberbio coliseo ocurrida en el año 1857 constituyó un sensacional acontecimiento social y artístico, cuya aguda expectativa tuvo nervioso al todo Buenos Aires de la época. La amplitud, hermosura y comodidades de la sala, los lujosos vestíbulos, la deslumbrante iluminación a gas, especialmente su gran araña central, destinada a reemplazar la mortecina luz de velas y quinqués, causaron un gran cambio en la clase, hábitos y ubicación de la concurrencia. Las lunetas de platea y los palcos bajos fueron totalmente dedicados a la gente distinguida, pero hombres solamente, ya que no era costumbre que las señoras concurrieran a ellos; anomalía que tardó cerca de treinta años en modificarse. El populacho, que de pie y a ínfimo precio, ocupaba la mitad posterior de la platea, lugar llamado "el degolladero", fué transferido al piso más alto denominado "gallinero o paraíso". Pero la ubicación más selecta y cara era la de los palcos balcón y de las lunetas de parquet y tertulia, a los cuales tenían acceso únicamente señoras y señoritas. (Historia de la Opera en Buenos Áires, del Sr. Mariano G Bosch.) La cazuela muy bien concurrida, tuvo la misma exclusividad para el bello sexo; privilegio que duró cerca de cincuenta años, pues todavía en 1905 el Teatro de la Opera excluía de ella a los hombres.

El estreno del teatro se realizó con la ópera de Verdi, "La Traviata", que tuvo por principal protagonista al famoso tenor Tamberlick. Los diarios de la época confirmaron su fama europea, reconociéndolo como un cantante de voz excepcional por la belleza del timbre, gran volumen, fraseo y expresión, todo realzado por una labor de excelente actor y gran prestancia escénica.

El lucimiento por las señoras, de las mejores paqueterías en los acontecimientos sociales que completaban los festejos de las fechas patrias y en las que realmente echaban la casa por la ventana, dió origen a frases familiares muy gráficas, muy nuestras y que aún se oyen en algunas ciudades de provincia, como recuerdo de palabras oídas a las abuelas. El comentario social de los grandes bailes o funciones teatrales de gran gala, se complacía en el elogio de alguna séñora ricamente trajeada y centelleante de alhajas, de quien se decía "estaba Fulana como si fuera el 25 de Mayo, volteando paqueterías".

Una curiosa copia sobre vidrio y coloreada, es la pieza que reproduce las figuras de un cuadro al óleo. No debemos extrañarnos. Cuando el invento de Daguerre, por obra del gobierno francés pasó al dominio del público y todo el mundo pudo aprenderlo y ejercitarlo, hubo una especie de loco entusiasmo. Algo así como en nuestra época, la del aficionado que compra su primera máquina, chambonea sus primeros ensayos y quiere fotografiar todo lo que se le pone por delante. En los comienzos de la Fotografía, tanto como a los edificios públicos y a las personas, quisose también, reproducir cuadros al óleo (véase la tercera ilustración de la pág. 38).

La copia de cuadros por el Daguerrotipo, me trae un recuerdo que tiene el sabor picante de una anécdota parisiense. La Revista Fotográfica Francesa del año 1933, en una sabrosa crónica cita que entre los festejos del centenario de la muerte de Niepee hubo en la Galería Pierre Colle de París, una Exposición de Daguerrotipos, colección particular de una señorita inglesa. Había retratos de las figuras más descollantes del Segundo Imperio, entre los cuales el Duque de Morny, hermano del Emperador, y la célebre artista Hortensia Sehneider. Pero lo extraordinario fué el anuncio de un Daguerrotipo de la famosa Lady Hamilton, la vampiresa esposa del Embajador Inglés ante la Corte del Rey de Nápoles, a fines de 1700. Los comentarios excitaban a los incrédulos. "¿Cómo es posible -decían todos- un Daguerrotipo de la hermosa amiga del Almirante Nelson, si ella murió veinticinco años antes del invento?" Y fueron a la Exposición con la idea de comprobar y repudiar una mistificación. Pero allí experimentaron la mayor de las sorpresas. La figura era la de una mujer de belleza deslumbrante, que estaba poco vestida o menos que vestida, pues no tenía otro tocado que el que acostumbraba a usar la Diosa Venus. ¿Qué había sucedido? . Pues que el Daguerrotipo era de un cuadro de la National Gallery de Londres y de la auténtica Lady Hamilton pintado cincuenta años antes por un célebre artista del pincel. Todo París rió y se divirtió por unos días con excelente buen humor.

En los primeros años del invento de Daguerre hubo que tomar grandes precauciones técnicas y cuidados para aislar la imagen, del aire, ante el peligro de desvanecimiento de la figura, notado por todos los retratistas. Poco después el progreso técnico liberó a las placas de esa posibilidad.

Pero es el caso que en épocas posteriores, tras largo tiempo de haber sido tomado un Daguerrotipo, las familias o los descendientes del retratado se encontraron con la ingrata sorpresa de que la imagen estaba a punto de desaparecer o en otros casos había desaparecido, quedando unicamente en la placa una superficie uniforme plateada y brillante. Supongo que la razón se debía a técnicas defectuosas empleadas por retratistas poco hábiles. Algo de esto se desprende del bombástico y jactancioso anuncio del fotógrafo Sr. Artigue, en el año 1859, que dice: "No se debe confundir mis retratos con las insignificantes producciones que salen dc un taller conocido sólo por los grandes réclamos que hace todos los días en los diarios. Estas pobres siluetas, vapores sin relieve alguno y que desaparecen muy pronto por ser mal fijadas y mal elaboradas, no se pueden comparar con los que tengo el honor de ofrecer al público". Como puede apreciarse, la lucha profesional brindaba entonces, como en todo tiempo, los más cordiales alfilerazos al detestado colega.

Dos de los Daguerrotipos expuestos, muestran este desagradable final de un retrato. El mayor con la figura sedente del Sr. Sebastián Molin, casi ha desaparecido. El más pequeño es el retrato de una párvula ya sin vida, la niña Sofía Castro; sus padres, no podían suponer que hasta la imagen de su adorado vástago estaría a punto de desaparecer. En épocas ya pasadas no era raro entre nuestras familias, fotografiar niños pequeños después de muertos; probablemente porque no hubo oportunidad de hacerlo antes.

El Museo de Luján tiene un Daguerrotipo del Coronel Ramón Lista, sacado inmediatamente después de su fallecimiento, acaecido en el año 1854. El cuerpo yacente está revestido con brillante uniforme militar de gala.

 

                                                                SUGESTIONES DE LA EPOCA

UNA hermosa pieza Daguerrotipo del llamado "modo americano", conserva el retrato de Don Juan Manuel Tinao. Este señor, fallecido en 1875, gozó del más alto concepto en el lugar de su residencia, el vecino pueblo de General Paz, núcleo de población - desarrollado bajo el amparo de la antigua "Guardia de los Ranchos". Casó con Da. Clara Planes Girado, hija de Da. Gabriela Girado y Don Juan Planes y hermana de Da. Máxima Planes Girado de Casco, a quien algunos de los oyentes, tal vez hayan conocido. El recuerdo de esa familia y el del pueblo de Ranchos, me llevan de la mano al recuerdo de un impresionante hecho.

El año 1855 los pueblos de Ranchos y Chascomús, fueron penosamente sacudidos por un suceso horrendo. El día 2 de Noviembre, entre las 8 y las 9 de la noche, una banda de forajidos asaltó la estancia de Don Francisco Planes Girado, con la intención presunta de ultimár a toda la familia. Ahorrando detalles, fueron asesinados Don Francisco Planes, su esposa y dos hijas; los cinco hijos restantes, algunos heridos, pudieron esconderse entre los juncales de la laguna o huir al pueblo. La mayor de éstos, Da. Delfina Planes, casada después con Don Hipólito Casco, conservó indelebles, en su rostro cicatrices y en el alma el espanto de aquella jornada. La infausta noticia impresionó dolorosamente en Chascomús, residencia de numerosos primos y tíos.

La víctima tenía, por su madre, el más próximo parentesco con las distintas familias de Girado y las de Casco e Izurieta.

He aquí la copia de dos documentos que informan de la justicia cumplida.

Buenos Aires, Marzo 10 de 1860. Al Señor Juez de Paz de Ranchos:

El Oficial de este Departamento Don Juan José Biedma, con una escolta de ocho vigilantes, conduce hasta ese pueblo al reo Rosa Avila condenado a la pena ordinaria de muerte por el Superior Tribunal de Justicia y que debe ser ejecutado en la Plaza pública de ese Pueblo el día 15 del corriente a las diez de la manana.

Considerando a Ud. instruido de esta condena para disponer lo conveniente, debo hacerle presente que el oficial comisionado va encargado de la ejecución con la escolta a sus órdenes.

Dios guarde a Ud. muchos años.

Al Sr. Jefe del Departamento General dc Policía:

El abajo firmado pone en conocimiento de Ud. que a las diez de la mañana del día de hoy ha sido ejecutado en la Plaza pública de este Pueblo el individuo Rosa Avila, reo de la causa criininal sustanciada en el Juzgado de Primera Instancia del Departamento del Sud, por los asesinatos cometidos en este Pueblo en las personas de Don Francisco Planes, su esposa y familia.

Dios guarde a Ud. muchos años.

Tomado en Chascomús, un Daguerrotipo conserva al dorso un aviso impreso y en parte manuscrito, que por su rareza conceptúo de interés local para el tema que desarrollo. La retratada, Da. Inés Girado, falleció a mediados de 1865, meses después de posar ante la máquina. Dice lo siguiente:

                                                                                Walter J. Bradley

                                                                           Retratista al Electrotipo.

Tiene el honor de avisar a este respetable Pueblo, que ha abierto su Galería de Retratos en casa de frente a lo de Zabala: calle de Gral. San Martín. Las personas que deseen ocuparlo con algunos trabajos serán servidas con todo esmero, y no saldrán descontentas con las obras que él haga. Sus precios son sumamente cómodos, más baratos que lo que se puede hacer en Buenos Aires, desde 50 $ hasta 500 $ por persona sola; por grupos más caro.

También en este Establecimiento se hacen retratos en miniatura para prendedores, guardapelos o anillos. También saca copias de toda clase de Retratos y se limpian Retratos viejos al Daguerrotipo, que quedan como nuevos.

Hará Retratos hasta el 25 desde la fecha.

Nota: El Retratista siempre tiene un surtido de cajas, cuadros, guardapelos y prendedores de oro para poner retratos. El traje negro es preferido para esta clase de Retratos

El fotógrafo de este Daguerrotipo se instala en Chascomús frente a lo de Zavala, en la calle General San Martín.

Después de Caseros el núcleo principal de este pueblo se concentraba alrededor de la Plaza Principal y se extendía entre las actuales calles Catamarca y Lastra por un lado, y la calle Sarmiento y la calle Ancha por el otro. Compuesto de construcciones de la más sencilla arquitectura, era presidido por la hermosa casa que aún puede admirarse para regalo de artistas, costeada por Don Vicente Casco y su esposa Da. Francisca Girado.

Grávida de sugestiones, esa esquina de San Martín y Colón, desde hace más de cien años ha visto pasar las generaciones de este pueblo albergando en sus muros, ininterrumpida serie de casas de comercio y a sus propietarios.

En el año de 1824 Don Celedonio Mateo de Pereda, fundó en esa esquina una casa de comercio que en el año 1853 pasó a cargo de su hijo Baldomero y de su sobrino Vicente. Este señor Don Vicente Pereda, de quien puede verse un espléndido Daguerrotipo, fué un ejemplo de hombre que vivió en constante esfuerzo de superación, constructor para sí y para el país en el sentido integral del concepto. Después de algunos años dejó este lugar para continuar sus actividades, con certera visión del futuro, en la zona del Arroyo Azul. Pero él y sus descendientes con amorosa sensibilidad le acordaron a esa casa de comercio, la categoría de germen punto dc partida del esfuerzo y del éxito, y conserva-ron sus paredes hasta hace poco tiempo, como - simbólica gota de agua límpida, generadora de un mar de intereses. Le siguieron en ese local como esforzados y honestos comerciantes los Sres. Ramón y Nicasio Zavala, Don Victoriano Gárriz, Ciganda, Ipiña, Agustín Zavala, del Campillo y actualmente los Sres. Gárriz, hijos del anterior del mismo nombre. Ciento veinte años que proclaman tradición, labor y honra.

Pido excusas, si me permito un desahogo sentimental de carácter estrictamente personal. Cuando el retratista Bradley dice frente a lo de Zavala, no puedo evitar un cariñoso recuerdo de la infancia escolar. Ha rebasado ya los cincuenta años, la apertura del colegio Politécnico creado por los Sres. Dopico y Dedeu en la esquina de Colón y San Martín frente a lo de Zavala- y, época de mi concurrencia a los cursos inaugurales. ¡Ah, de estos españoles siempre visionarios en su empeño dc romper una lanza por una causa grande, la ingrata y noble tarea del maestro de escuela en su afán de desasnar al prójimo! Conmovido recuerdo albergo en los pliegues más celosamente guardados de lo íntimo, para profesores y condiscípulos.

Pocas veces se tiene la oportunidad de ver una fotografía sobre metal tan bien hecha y bien conservada en un original estuche con forma de cartera, como la que en esta Exposición muestra el retrato de Don Sebastián Llull. Vinculado a las familias de Ferreyro e Izurieta, fué por breve tiempo convecino de esta ciudad allá por el año de 1870.

De este mismo sistema pueden verse dos miniaturas fotográficas sobre láminas metálicas: óvalos, alojados en prendedores de oro. Uno de ellos, notable espécimen de delicadísima factura, contiene un retrato del año 1860. Es de Don Guillermo Girado. Este hombre nacido y fallecido en este pueblo de Chascomús, 1812-1873, desde su más tierna juventud acompañó a su padre "a poblar" los poco menos que desiertos campos del Tuyú, llenos de impenetrables montes de talas y espinillos y donde su progenitor, Don Juan Chrisóstomo Girado; fué Juez de Paz el año 1840 en el ya Partido de Ajó, estando la sede del cargo en su estancia "Real Viejo". Poco después acompañó al padre de su esposa -"a poblar" campos "mucho más afuera", por el Arroyo Chico, en lo que hoy es Partido de Ayacucho. Y al fin convirtióse él mismo en hacendado y poblador como arquetipo de los criollos que pletóricos de las mejores energías amoldadas a la más acrisolada moral, labraron su bienestar y el de la tierra nativa, en una obra realizada silenciosamente, dando realidad al sueño de Rivadavia, y a la frase de Alberdi, "gobernar es poblar".

Como él, antes que él y mejor que él, muchos otros criollos y extranjeros del más alto valer, de cuya descendencia más de un representante ha de oír estas palabras, toda una falange que llenó este rincón nuestro Chascomunense y el resto de la Provincia de la más viril energía, asentaron con su labor personal de lucha permanente, los cimientos de la riqueza de esta amada llanura. Es porque no se ha hecho a esa falange la debida justicia, que reclamo para ellos a las generaciones recientes y a la Historia, la jerarquía que les corresponde en la obra civil de consolidar la magna obra de los prohombres de 1810 y de los que la organizaron después de Caseros.

Cuando el Daguerrotipista Bradley declara el precio de los retratos, dice "desde 50 a 500 pesos por persona sola; por grupos mas caro , parecía un despilfarro gastar quinientos pesos en un retrato; mas debe tenerse en cuenta que se trataba de moneda depreciada por emisiones inconvertibles.

Daré un ligero antecedente al respecto. En el año 1822 por primera vez en estas tierras (dato del Sr. Schaeffer Gallo) aparece un Billete de Banco moneda papel, convertible a razón de 17 pesos por onza de oro. En la presidencia Rivadavia, tan extraordinariamente fecunda, se los denomina "pesos moneda corriente" y la circulación quedó garantida por el Estado por intermedio de un organismo financiero, el Banco Nacional, que incluía una Casa de Moneda Nacional. Sabida es la suspicacia

y resistencia que levantó esta obra de gobierno en el centro y norte del país, pues en La Rioja existía una casa de moneda que acuñaba oro y plata y que dependía del omnímodo poder de Juan Facundo Quiroga. Puede verse en este cuadro, propiedad del Museo de Chascomús, una moneda de oro de un cuarto de onza, y los populares patacones acuñados en La Rioja o en Potosí.

El precio de los retratos, declarado por el daguerrotipista Bradley, fué motivo de hondas preocupaciones familiares. Las señoras y las niñas se enamoraban siempre de los más caros. Pero a los jefes de familia parecíales excesivo gastar 500 pesos en uno de ellos, cuando calculaban las onzas dc oro y los billetes grandes que a puñados se deshzarian de sus tiradores. Mas, el vínculo afectivo triunfaba y había retratos para todos.

En las salas del Museo de Chascomús, los curiosos del pasado nuestro pueden ver los dos tipos de billetes de 1, 5, 10 y 20 pesos moneda corriente. Los de "El Estado de Buenos Aires" cuando estuvo separado de la Confederación, fechados en 1858; y los de "El Banco y Casa de Moneda de Buenos Aires", fechados en 1864, cuando quedaron unidas nuevamente las catorce provincias el año 62, después de Pavón.

De la colección de monedas de plata, del mismo Museo, entre patacones y reales, llama la atención el ¼ de real, de plata, popularmente llamado "cuartillo". Su insignificante pequeñez no lo era, en la realidad de aquellos años, y permitía a las personas satisfacer muchos gastos menudos: carretel de hilo o alfileres a las señoras; caramelos, lápices, a los niños; un vaso de vino o un trozo de pan y queso, a los trabajadores; jabón para las lavanderas, etc.

Posteriormente a 1810 y por unos cincuenta años, no toda la moneda de oro o plata que servía como instrumento para las transacciones comerciales, era originaria de esta tierra. Pues además de nuestras onzas de oro, medias onzas y cuartos de onzas, patacones y reales de plata, circulaban en abundancia cuños de oro y plata, peruanos y bolivianos. De estos últimos, el peso y el "cuatro" bolivianos de plata de Potosí abundaban en el norte y centro de nuestro país.

Al respecto, véase esta magnífica pieza dc oro, una onza del Perú dc la ceca de Lima, año 1759, que el Ingeniero Don Jorge A. Girado, tan apreciado en este vecindario, recibió de sus mayores a través de varias generaciones.

Nuestra Ley de moneda del año 1881 corrigió esta anomalía y desde entonces no circula otra que la propia argentina.

El Sr. Bradley tenía su fotografía en Buenos Aires, en la calle Maipú 276, y de este aviso se desprende que salía en jira profesional por los pueblos de la campaña. ¿Cómo se viajaba entonces entre Chascomús y Buenos Aires? Después de Caseros,- como al despertar de atroz pesadilla, tranquilizado el ánimo y en libertad de desarrollar iniciativas, por simple y natural gravitación el comercio tomó un vuelo inesperado. Vapores y veleros llegaban a Buenos Aires en número creciente; las tropas de carretas cruzaban cargadas désde todas partes, -con frecuencia y en cantidad no vista -hasta esos años. Para el transporte de pasajeros en poco más de dos años, quedaron bien establecidas, líneas de diligencias que de la metrópoli salían para los cuatro vientos.

En el mes de Marzo de 1853, el Sr. Rusiñol organiza las "Mensajerías Argentinas" y despacha para Ranchos, Chascomús y Dolores una diligencia, tres veces por mes en los días 1, 12 y 24, admitiendo cartas, periódicos y encomiendas. Y para fines de ese año, la misma empresa pone en servicio una diligencia pára San Nicolás de los Arroyos y poblaciones de tránsito, y otra para la Guardia del Monte y Fuerte Azul -con dos salidas al mes.

Pero al año siguiente de 1854, estas "Mensajerías Argentinas" se transforman en una gran empresa de los Sres. Fernández, Rusiñol y Rué, y organizan las siguientes carreras o líneas: Para Quilmes, Chascomús y Dolores, los días 5, 15 y 25 de cada mes. Para el Fuerte Azul, los días 6. y 22. Para Ranchos y Tandil, los días 7 y 21. Para Navarro, Chivilcoy, 25 de Mayo y Bragado, los días 1 y 14. Para Cañuelas y Lobos, los días 4, 12, 20 y 27. Para la Guardia del Monte, los días 8, 18 y 28. Para Arrecifes, San Nicolás y Rosario, los días 7 y 21. Nótese que es una verdadera red de comunicaciones estables.

La prosperidad de esta empresa le permite anunciar una nueva carrera de Diligencias: Buenos Aires-Rosario y Rosario-Córdoba, con dos salidas al mes. Y promete para muy pronto Diligencias a Tucumán y a Mendoza con una partida al mes.

Cien pesos costaba el asiento para Chascomús. Los precios de asientos a las Provincias se cobraban por otro sistema, a saber: en el cupé, 2 reales de plata por legua con opción a 1 ½ arroba de equipaje; en la rotonda, 1 real de plata y 3 cuartillos e igual peso de equipaje; en el carretón de equipajes había tres asientos para sirvientes o personas pobres que pagaban 1 real de plata por legua. Esta empresa tomaba suscripciones al diario "El Nacional" por 2 patacones mensuales.

Hubo también otras empresas. Una de ellas avisó al público "que siendo muchos los gastos que tienen (aproximándose el Invierno) no pueden continuar con los precios establecidos. En adelante para la Villa de Mercedes (antes Guardia de Luján) se pagará 100 pesos por asiento. Las cartas pagarán 2 pesos.

Otra importante sociedad formada por acciones, "La Empresa Argentina", organiza cuatro carreras al Sud: 1º Quilmes, Ensenada y Magdalena. 2º Quilmes, Chascomús y Dolores. 3º San Vicente, Ranchos, Paso del Venado y Tandil. 4º Cañuelas, Monte, Fuerte Azul, Tandilq Quequén.

Mas, en el año 1859 el evidente progreso que se nota en todos los órdenes de la vida colectiva, se traduce en el aumento del número de vehículos de transporte. La mensajería "Nuevas Peninsulares", de Torres, Bergeire y Cía., para Chascomús y Dolores debía cumplir doce salidas en el mes -un carruaje cada dos o tres días-, extendiéndose la carrera para Carralauquen, y Arroyo Chico (actual partido de Ayacucho) con tres partidas en el mes.

El año 62, las "Nuevas Mensajerías Catalanas del Sud" para Ranchos, Chascomús y Dolores, ofrecían dos cómodos carruajes en los que cabían ocho pasajeros en el interior, tres en la berlina y dos en el pescante. Precio de un pasaje para Chascomús: 100 pesos. En el Museo de Luján existe un coche de este tipo de Diligencia; la parte central cerrada, el asiento delantero al exterior sin resguardo de la intemperie, se llamaba "berlina" y el verdadero pescante donde se situaba el conductor, estaba colocado en la parte más alta del carromato, a la altura del techo.

Los viajes en Galera no despertarían más quejas que las comunes a cualquiera incomodidad, desde que no se conocía nada mejor. Estaba, además, a la vista, en el ambiente, diremos, el temple de los pobladores de campos, de los hacendados de esa época hecho de resistencia física, voluntad y decisión para afrontar las dificultades; sobre todo. aceptarlas con naturalidad y hasta un tanto de resignación condensada en la frase campera "el varón ha nacido para sufrir". ¡ Cómo serian esos viajes en malos caminos con huellas hondas, pantanos y malos pasos durante todo cl invierno, soportando el frío, acurrucado en los asientos horas y horas, a veces dos y tres días! Con qué ansia se esperaría la llegada á la posta donde cambiaban las yuntas, mientras un trago de caña o un jarro de café calentarían los pies y el ánimo. Los dramáticos cruces de arroyos pantanosos, las barrancas, subidas y bajadas con buenas cuartas, eran la nota habitual. Los hombres solos, sin su familia, preferían mil veces viajar a caballo.

A través de la década 1852-1862, de Caseros a Pavón y Presidencia Mitre, periodo de los más dramáticos acontecimientos políticos y a pesar de ellos, fué tal la eclosión de vida, libre de la Tiranía, que estos acontecimientos decisivos para la consolidación de las nuevas instituciones, no impidieron que Buenos Aires y su campaña experimentaran un verdadero y grande resurgimiento del trabajo, del comercio, de esperanzas en la riqueza local y -confianza en los capitales extranjeros. Terreno virgen y fértil este país para todas las iniciativas, no debía tardar la llegada del ferrocarril, de que tanto y tanto se hablaba como de un medio de transporte maravilloso. En él se viajaba rapidísimamente, "casi como en el aire", se decía, sobre las paralelas de hierro.

Y así por obra de animosos- argentinos, creyentes del futuro, - que calculaban el presente y soñaban con el porvenir, adquirió realidad en el año 1857 el Ferrocarril del Oeste. Poco después se proyectaron las obras del Ferrocarril Gran Sud que para esta nuestra Patria chica Chascomunense, culminó el año 1865, cuando el vecindario reunido por el acontecimiento, aturdido por el estrépito de los férreos mecanismos y el silbato de la locomotora, desorbitados ante el monstruo los más rústicos, con el corazón anudado en la garganta los demás, agasajó a este revolucionario pacífico que debía producir entre nosotros el mismo cambio trascendental de las costumbres y vida de relación que en los pueblos europeos. Un año antes de terminarse la línea férrea del Sud a fines de 1864, las autoridades y-el vecindario de Chascomús se percataron con desagrado, que de acuerdo a los planos de la línea aprobados por el Estado, era inminente la erección de la Estación ferroviaria local a unos cuatro kilómetros de la planta urbana. Hnbo entrevistas entre representantes de la Comuna y de la Empresa. El Juez de Paz, Sr. Francisco Hernández, dirige sendas notas al Sr. Ministro de Hacienda, Don Luis Domínguez, las que traducen una respetuosa queja y en las que se solicitan se recabe al Concesionario la construcción de la Estación "en la traza del Pueblo".

Y el señor Júez de Paz nombra a los respetables vecinos Don Francisco Villarino y Don Benigno Ramírez, a fin de que señalen los mejores terrenos para erigir la Estación. El Sr. Ministro Domínguez persuade a Mr. Parish para que induzca al Directorio de Londres a consentir esta pequeña extensión de la línea acercándose al Pueblo. En fin, previa inspección por los ingenieros de la Empresa de los terrenos ofrecidos, el Sr. Parish contesta que hará todo lo posible por complacerlo, tanto como al vecindario de Chascomús, y que cree poder inducir al Directorio de Londres a aceptarlos.

Y así, se emplazó la Estación en el lugar actual.

Don Francisco Villarino, antiguo funcionario de claro juicio y ponderado criterio, estaba ya en las postrimerías de su vida.

Los convecinos le dispensaban gran respeto por su sana y serena energía, condiciones que ejercitó debidamente desde sus años mozos. En trance de recuerdos citaré un grave episodio sucedido en la familia militar de las Fuerzas de Fontera, que alteró la tranquila vida de este Pueblo. Corría el año 1832, y era Juez de Paz Don Francisco Villarino.

Relator impasible, es el documento que transcribo, propiedad del Museo local, escrito con excelente redacción y mejor caligrafía, de puño y letra del Señor Juez de Paz.

 

Chascomús, Diciembre 13 de 1832.

Año 23 de la Libertad y 17 de la Independencia. Comandancia Militar del Punto.

Se remite al Coronel del Regimiento, el parte de un suceso ocurrido ayer tarde entre el Comandante del ler. Escuadrón del Regimiento:

Dn. Juan Zelarayán y el Ayudante del mismo: Dn. Mariano Albarete.

Al Sr. Coronel del Regimiento 59 de campaña Dn. Manuel Corbalán. Elevo a manos de V.S. como Capitán de Compañía Pasiva de Infantería del expresado Regimiento y encargado interinamente de la Comandancia del Punto, que ayer tarde se me apersonó el Ayudante Dn. Mariano Albarete exponiendo: que se le acababa de intimar arresto en el Cuartel por orden del Comandante del ler. Escuadrón Dn. Juan Zelarrayán.

El infrascripto muy satisfecho del origen del arresto, le ordenó se le apersonase al Sr. Comandante y le manifestase en mi nombre que no estaba en sus atribuciones dar pase a miliciano de la Infantería, ya por corresponder a otra arma distinta de la de su mando, como por hallarme encargado de la milicia y comandancia del Punto.

El Sr. Comandante que se hallaba en la plaza principal a la cabeza de una parte de su Escuadrón de Instrucción, insistió en el arresto profiriéndose con acritud con el Ayudante; este obedeció y entrando al Cuartel, contestaba que no se le insultase ante la Tropa y Guardia de Prevención; el Sr. Comandante le ordenaba que callase que si no lo envasaba, y en esta alternativa sacó su espada y le tiró una estocada y el Ayudante sacó la suya poniéndose en defensa, y como se escurriese a tiempo por los de Guardia y por algunos oficiales de la Fuerza que se halla del Sr. Comandante, desarmó al Ayudante, y le hizo remachar una barra de grillos en cuyo estado permanece incomunicado por su órden.

Es conteste este parte al que me dió el Ayudante y a los demás conocimientos que he tomado del Comandante de la Guardia de Prevención, apresurándome a ponerlo en conocimiento de V. S. para que -dé sus órdenes, y con ellas aquietar los espíritus de los milicianos que advierto con demasiada agitación.

Dios guarde a V. S.

En el margen está escrito lo siguiente:

Pase al D. José González para que agregándolo al sumario le ha mandado levantar obre en él, como corresponde.

                                                                                    FINAL

NUNCA será suficientemente loada la trascendencia de la Fotografía. La primera etapa, el Daguerrotipo, llenó de emocionado asombro a los hombres de ciencia de la época. Todas las industrias, todas las artes, todas las ciencias recibieron directa o indirectamente su beneficio.

Que el espíritu de Daguerre presida las derivaciones de su obra inicial, y los hombres lo sientan a su vera como nimbo fecundo e inspirador.

Por eso el gran Lamartine, en la cátedra de Bellas Artes de París, después de haberle negado valor y arte a la Fotografía, se rectificó con esta bellísima frase: -"No es un oficio. Es un arte. Mejor que un arte: es un fenómeno solar, donde el artista colabora con el sol".

Ojalá que cada vez que un hombre apoye el dedo sobre el botón que pondrá en juego al obturador, dedique un instante retrospectivo a través de una centuria y ofrende su emoción pura ante la fosforescente estela de esa nueva ruta de ciencia y arte que hizo para siempre ilustre el nombre de Talbot, de eminente estirpe científica británica, y el de Niepce y el de Daguerre, como esencia de la destilación del genio galo, en la siempre bien amada Francia inmortal.

Octubre de 1942.

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