ÁNGEL PAGANELLI Y SUS TEMPRANAS FOTOGRAFÍAS DE TUCUMÁN

Roberto A. Ferrari

 

 

Panorámica compuesta con dos albúminas montadas.

 

Panorámica compuesta con dos albúminas montadas.

 

RESUMEN

Entre las vistas tucumanas más antiguas que han sobrevivido en albúminas originales se destaca  la serie de 21 imágenes que ilustran la obra Provincia de Tucumán, de Arsenio Granillo, editada en 1872 pero preparadas para la Exposición Nacional en Córdoba de 1871.(Nota 1)

Este trabajo trata sobre la tirada especial de ese libro, las fotografías montadas que lo ilustran y los individuos que produjeron ese producto mixto de la imprenta y la cámara fotográfica. Analizamos datos de los ejemplares conocidos, investigamos las posibles razones que produjeron esta edición, las variantes que existen, su modo de realización, así como las imágenes y su valor histórico.

 

TUCUMÁN EN 1865

Entre la batalla de Caseros (1852)  y el inicio de la Guerra del Paraguay (1865) se vive  un período primaveral en Buenos Aires, donde diversas actividades culturales y sociales reverdecen y se expanden, pero las provincias siguen sometidas a los vaivenes de los conflictos locales, acompañadas de penurias económicas. En Tucumán los años 60 se inician con el gobierno progresista de Marcos Paz pero enseguida surgen enfrentamientos como el de la invasión federal del coronel Octaviano Navarro, posteriormente derrotado en la batalla de Rio Colorado. Finalmente la derrota del Chacho Peñaloza permite comenzar a organizar la vida civil de la provincia. Asume José Posse como gobernador y al tiempo surge el conflicto bélico con el Paraguay, que obliga al envío de un contingente de 550 tucumanos.  Tucumán como provincia tiene 109.000 mil personas según el Censo Nacional de 1869, de las cuales solo el 3 por mil son extranjeros, mientras Buenos Aires cuenta con 500.000 personas, de las cuales el 30 % es extranjera. La ciudad de Tucumán no llega a los 18.000 habitantes, según la misma fuente.

La modernidad llegó lentamente a Tucumán,  pero sus estridencias se anunciaban desde los periódicos y por los viajeros, que desde los inicios de la construcción del Ferrocarril Central Argentino, en 1865, entre Rosario y Córdoba y la organización de la Exposición Nacional en Córdoba  desde 1868 eran indicadores claros sobre la modernización de las provincias. La lenta pero firme reconversión de los ingenios comenzó con el equipamiento traído por Baltazar Aguirre desde Inglaterra a fines de los años 50 y fue el primer paso visible hacia la industrialización en Tucumán.

 

VISTAS DEL PAÍS ANTERIORES A 1870

Entre los daguerrotipos porteños de Charles De Forest Fredricks  de 1854 y los álbumes de vistas de Buenos Aires, Rosario, Entre Ríos y Tucumán hay un abismo de 10 años, del que desconocemos  mucho y que estamos intentando reconstruir.[1]

A mediados de los 60 aparecen los primeros intentos de álbumes comerciales de vistas; en Buenos Aires generalmente atribuidos a Benito Panunzi surgen varios dedicados tanto a la edificación urbana como a las “costumbres de campo”; en Rosario el alemán Alfeld y un fotógrafo anónimo han dejado dos albumes[2]; mientras que por los anuncios periodísticos nos enteramos que dos empleados del estudio Terry de Buenos Aires se instalan en Rosario y realizan vistas de la ciudad[3] en 1863; en Mendoza el alemán Adolfo Alexander había registrado vistas de la ciudad previas al terremoto de 1861[4] y en Tucumán surge la obra de Paganelli que hoy estudiamos.

Sabemos que muchas de las imágenes de Paganelli que se publicaron en 1872 corresponden a la década anterior, ya que el establecimiento venía ofreciendo vistas desde 1865. Otros autores dan por seguro que las vistas fueron tomadas entre 1868 y 1869, pero no fundamentan su afirmación [5]  y recientemente se han encontrado ejemplares de la vista del frente de la Casa de Tucumán montada en soporte, una sin fecha  y la otra con la fecha 1868 impresa en el mismo.[6]

Imágenes contemporáneas de éstas y otras más tardías obtenidas por Paganelli  se conservan en archivos y colecciones privadas, como alguna vista desde los altos del Colegio Nacional, diferente a la que aparece en el Granillo o la de la Plaza Independencia, que muestra la Iglesia Matriz  desde la esquina sur - tomada en 1870-,[7] mientras otras se dan por perdidas, como la inauguración de la Plaza Belgrano en 1884 o la llegada del ferrocarril a Tucumán en 1876. (Nota 2)

La población tucumana de una u otra manera tenía amistades o familiares fuera de la ciudad y el envío de vistas de la misma era motivo de orgullo. Similarmente, un empresario deseoso de mostrar la prosperidad de su establecimiento y el medio en el cual se realizaba su actividad comercial, encargaba una selección de vistas  que se convertían en una proyección hacia otras latitudes de los puntos privilegiados de la ciudad por parte del imaginario que compartía ese sector social.

Las fotografías de Paganelli son estáticas y en general no muestran personas, al menos no como complemento o tema central de la imagen; pareciera que eligió momentos de escaso tránsito y elevada iluminación para realizar las tomas.

No se debe atribuir toda la responsabilidad a Paganelli por ciertas limitaciones en la iconografía seleccionada. En primer lugar la técnica impedía tomar vistas de interiores salvo el retrato de estudio, que era un ámbito privilegiado donde el sol entraba a raudales y facilitaba la operación de registro. Por otra parte, personas, animales y vehículos en movimiento producían molestos “fantasmas” o imágenes movidas, que deterioraban la calidad estética de la fotografía, por lo que salvo el más rabioso documentalista, todos tendían a evitar escenas con mucho público. Finalmente, si las imágenes en su gran mayoría son anteriores al libro y realizadas con intención de venderlas y entre la alta sociedad tucumana, es lógico que se priorizaran ciertos aspectos urbanos, que se buscasen lugares famosos, bellos y construcciones terminadas.

 

EL LIBRO CON FOTOGRAFÍAS MONTADAS

Esta etapa de la historia del libro y de la fotografía, donde se encuentran texto e imagen para evolucionar juntos hasta la actualidad, tuvo su capítulo local. [8]

Mientras que Helmut Gernsheim[9] investigó hace varias décadas la primera etapa inglesa del libro con fotos montadas, en Latinoamérica faltó ese tipo de estudio, en el que recién nos estamos iniciando.

Por ahora podemos decir que en la Argentina existieron más de 100 obras que llevaron una o más albúminas montadas (Nota 3) y que el Granillo se encuentra entre las primeras 10 publicaciones argentinas de este tipo.

 

LOS HERMANOS PAGANELLI

Lo que conocemos sobre los Paganelli es resultado de la temprana preocupación del historiador tucumano José R. Fierro, que en 1927 hizo una semblanza de don Ángel.[10]

Los hermanos Ángel y José Paganelli, oriundos de Italia, llegaron a la Argentina en los años 60 del pasado siglo.  Habían nacido en Sasetta (Spezia, Italia),  Ángel  hacia 1832. Desconocemos los detalles de sus inicios en la fotografía pero su aparición en el horizonte tucumano puede fecharse el 23 de abril de 1865. El periódico tucumano El Liberal ofrece un detallado registro de su actividad a través de los avisos de la firma, así como da cuenta del alejamiento de José hacia Córdoba, en 1869, para ejercer la fotografía en aquella ciudad.[11]

En los comienzos de la instalación de su estudio, los Paganelli tuvieron la competencia de otros europeos, los hermanos Giguox, que actuaban desde la Plaza, en el Café de la Unión. Pero no deben haber continuado, porque en años sucesivos sólo encontramos los avisos de Paganelli.[12]

Por mucho tiempo Paganelli sería el retratista de los tucumanos  por su calidad técnica y sus virtudes personales, que lo convirtieron en un ciudadano muy querido. Se sabe de su temprana actuación dentro de la comunidad tucumana como miembro del denominado Club Extranjero, que con el tiempo llevaría a la creación de la Sociedad Extranjera de Socorros Mutuos. También fue parte de la comisión directiva de la Sociedad Italiana.

Se casó el 3 de abril de 1869 con doña Francisca Solana Rojas, tucumana, hija de Florentina Campos y Hermenegildo Rojas, matrimonio que trajo al mundo a varios hijos. Francisca falleció en 1883, con solo 35 años y dos de sus hijas sucumbieron al paludismo entre mayo y junio de 1900.Para fines de siglo cerró su estudio y entró a trabajar como empleado de la Contaduría General de la Provincia. Con más de noventa años, falleció el 17 de julio de 1928.[13] Las vicisitudes de su archivo y una retrospectiva de su actuación han sido recientemente justipreciadas por dos autores tucumanos.[14]

 

LAS VISTAS

El siguiente listado presenta todas las imágenes que componen las ilustraciones de la obra de Granillo, con sus títulos, dimensiones y la ubicación en el paginado.

-Plaza Independencia (panorámica en dos secciones). 11,5 cm x [15,3 cm + 15,3 cm]. Después de pg. [4]

-Pirámide de Chacabuco (en la Antigua Ciudadela). 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 40.

-Fachada de la casa en que se declaró la Independencia. 15,5 cm x 11 cm. Después de pg. 42.

-Salón de sesiones del Congreso de 1816 en que se declaró la Independencia. 10,5 cm x 15,5 cm. Después de pg. 42.

-Cabildo. 10 cm x 15,5 cm. Después de pg. 52.

-Iglesia Matriz 15,5 cm x 11 cm. Después de pg. 54.

-Matriz.Cabildo.Columna de la Independencia y San Francisco. 11 cm x 15,5 cm.

 Después de pg. 56.

-Calle Gral. Paz. 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 56.

-Calle Entre Ríos. 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 58.

-Calle Congreso. 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 58.

-Calle Bolivar. 10 cm x 11,8 cm. Después de pg. 60.

-Calle 25 de Mayo. 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 60.

-Calle Gral. Belgrano. 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 62.

-Calle 24 de Septiembre. 10 cm x 12 cm. Después de pg. 62.

-Colegio Nacional (vista interior) (panorámica en dos secciones) 12 cm x [14 cm + 14,5 cm] Después de pg. 66.

-Hacienda Esperanza. Injenio de azúcar de D. Wenceslao Posse en la Cruz Alta (vista exterior) 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 96.

-Hacienda Esperanza. Injenio de azúcar de D. Wenceslao Posse en la Cruz Alta (vista interior) 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 96.

-“Paraíso”. Injenio de azúcar de los Sres. García Hermanos en la Cruz Alta (vista exterior). 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 100.

-“Paraíso”. Injenio de azúcar de los Sres. García Hermanos en la Cruz Alta (vista interior). 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 100.

-“San Felipe”. Injenio de azúcar de F. Felipe Posse en Los Aguirres (vista exterior). 11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 100.

-“San Felipe”. Injenio de azúcar de F. Felipe Posse en Los Aguirres. (vista tomada desde los cañaverales).  11 cm x 15,5 cm. Después de pg. 100.

 

La Plaza Independencia inicia la serie, en formato panorámico, en base a la unión de dos mitades. Fue la imagen más propagandizada por Paganelli y estimamos que está entre las más tempranas tomas, entre 1865 y 1868. Le sigue una solitaria pirámide, ubicada en extramuros, en la llamada Antigua Ciudadela, erigida en honor al combate de Chacabuco.

La tercera imagen es la más trascendente por diversos aspectos: al avanzar el siglo XX se fue afianzando en el imaginario nacional como símbolo patrio arquitectónico: la Casa de Tucumán. [15]

Los personajes sentados en la vereda posteriormente serían eliminados para obtener una imagen impoluta del emblemático edificio, que fue empleado por el arquitecto Buschiazzo para la restauración del frente.[16] Otra fotografía de la Casa muestra el exterior del salón de sesiones del Congreso de 1816, en el que dos mujeres aparecen sentadas a la sombra.

El cabildo tucumano, la catedral, las calles céntricas de la ciudad van formando a través de diez imágenes un recorrido, una mirada selectiva que nos muestra lo mejor de Tucumán por 1870.

La segunda y última panorámica le corresponde al patio interior del Colegio Nacional, que además alojaba los primeros intentos de un Jardín Botánico y justamente la imagen es una vista en altura del patio trasero del Colegio, con su huerto. Esta imagen fue usada para la elaboración de un grabado publicado con posterioridad.[17]

Se finaliza la serie con seis imágenes de tres ingenios : la Hacienda Esperanza, el ingenio Paraíso y el ingenio San Felipe. La vista interior del ingenio Paraíso también fue usada para la elaboración de un grabado, que apareció en la misma publicación que el grabado del patio del Colegio.[18]

 

EL LIBRO ILUSTRADO

Hemos estudiado siete ejemplares de la obra ilustrada por Paganelli, lo que nos permitió verificar que ciertas peculiaridades de las fotografías comunes a todas las copias se deben a daños en la emulsión del negativo. Cielos llenos de manchas, apariencias de ampolladuras o descascaramientos se repiten idénticamente en las sucesivas copias que hemos cotejado, lo que confirma que el daño o marca se encontraba en el negativo común que dio origen a las diversas copias positivas. Nos lleva a suponer entonces que por lo menos algunas de las fotografías no fueron tomadas especialmente para la ejecución del libro que estamos considerando. La presencia de esos defectos en las imágenes nos sugiere que el fotógrafo las tenía desde hacía años, probablemente no muy bien preservadas y que la urgencia de usarlas le impidió ejecutar nuevas tomas. Realizadas años antes, fueron usadas para dar una respuesta rápida a un pedido de último momento del editor. Paganelli sabía que tenía un relevamiento gráfico trascendente de la ciudad de Tucumán y de alguna manera esto fue aprovechado e incorporado a la obra de Granillo. Decimos “de alguna manera” porque hasta ahora las búsquedas que hemos realizado en el Archivo Histórico de Tucumán (Nota 4) no han arrojado luz sobre el origen de los ejemplares ilustrados. Hemos encontrado la oferta de la imprenta y la aprobación gubernamental por una edición de 300 ejemplares pero nada se dice de las ilustraciones.(Nota 5)

Si observamos la edición ilustrada nos damos cuenta que fue un esfuerzo conjunto entre el fotógrafo y el impresor, ya que cada foto va montada en una hoja de papel con su referencia impresa. Además, cada fotografía va intercalada en el mismo lugar (determinada imagen entre determinadas páginas), lo que nos obliga a pensar que el impresor imprimió las hojas en blanco con el texto de referencia, las remitió al fotógrafo; éste montó las albúminas, devolvió las hojas al impresor con las fotos ya montadas y éste las intercaló entre el paginado de la obra, cosiendo finalmente los pliegos.

Pensemos en la tarea del fotógrafo. Son 21 fotografías que si hubiesen sido destinadas a ilustrar los cien ejemplares que suponíamos al inicio de este estudio, significarían 2100 fotografías; aún si sospechásemos que la edición ilustrada fuese sólo de 50 ejemplares, esto implicaría el copiado, revelado, fijado, recortado y pegado de 1050 imágenes, toda una tarea para el estudio de Paganelli, que quizás contase a lo sumo con un ayudante.

Esta actividad fuera de lo común debe haber sido para don Ángel de considerable complicación. No tenía un taller como los de Buenos Aires, los elementos se importaban y llegaban a Tucumán por revendedores, que difícilmente tuviesen en existencia tanto material. Las 1050 fotografías significaban por lo menos 18 m2 de papel sensible, sin calcular la merma por adaptación a formatos, errores de reproducción, etc.

Gernsheim en sus comentarios sobre la elaboración de libros ilustrados fotográficamente nos habla del empleo de “negativos de copia”, hechos a partir del negativo original, que se preservaba aparte por alguna contingencia. Un detalle permite comprobar  que no fue el caso del modesto estudio de Paganelli, quien trabajó sólo con los negativos originales: uno de los ejemplares vistos muestra en una de las imágenes la rajadura propia de un negativo de vidrio roto y vuelto a unir; si Paganelli hubiese tenido otro negativo, lo habría reemplazado.

Para el impresor se presentó un inconveniente que parece nadie previó. La obra original se produjo en formato in 4º, con amplios márgenes y las dos fotos panorámicas (de la plaza Independencia y del patio del Colegio Nacional) se pegaron en sus respectivas hojas desde el borde derecho y lo que sobresalía a la izquierda se plegó, a ras de lo que era el lado inferior de la hoja. La gran mayoría de los ejemplares vistos fueron reencuadernados y refilados los bordes, reduciendo ampliamente los márgenes…y aplicando un corte a las fotografías plegadas. En algún caso alguna de las imágenes se salvó porque fue vuelta a plegar de modo de alejar el pliegue del paso de la guillotina del encuadernador, lo que dejó a la fotografía con dos pliegues, el original y el nuevo.

Nuestro ejemplar, que hemos usado para las reproducciones que se adjuntan, sufre de esa pérdida, unos 5 mm de imagen sobre el lado izquierdo de la panorámica de la plaza. En otros casos el corte llevó a que la parte izquierda se perdiera al quedar suelta dentro del libro. Son rarísimos los ejemplares con ambas panorámicas intactas. Otro ejemplar muestra un caso en que la foto y el texto de referencia están alineados entre sí, pero no respecto al recorte de la página,  otro indicio de cómo se armaba el libro.

 

CONCLUSIONES

El registro de Paganelli construye una Tucumán urbanizada, histórica, industrializada, donde las imágenes de la pobreza y la marginalidad están totalmente ausentes. Tampoco se preocupa por el “color local” ni las “costumbres de campo”; no existe el gaucho o trabajador rural, salvo como personaje de paso en alguna de las vistas edilicias. El tema central para Paganelli es la construcción y sólo la que ya está concretada y terminada; quizás para el inmigrante italiano esto era sinónimo de progreso. Recordemos que muchas de las imágenes son anteriores a  la obra de Granillo, fueron imaginadas por un comerciante con la principal intención de comercializarlas como recuerdos para el viajero, como muestras para enviar a parientes lejanos,  quizás también como carta de presentación para empresarios locales que debían mostrar una ciudad pujante y moderna.

La memoria elaborada por Arsenio Granillo apunta a diversas otras manifestaciones de la provincia, ya que su motivo principal era presentar los recursos naturales y actividades comerciales e industriales de Tucumán ante la Exposición Nacional en Córdoba (1871) y desde ese punto de vista la documentación gráfica se vuelve parcial.

 Si comparamos con la producción de algunos de los  fotógrafos de la década, por ejemplo Panunzi, Alfeld y el anónimo de Rosario, encontramos similitudes y diferencias. Panunzi vió al país como extranjero, y como extranjero muy viajado, por lo que sus principales preocupaciones fueron documentar la ciudad y  registrar las costumbres del país, lo que produjo las primeras imágenes de actividades de campo y gauchescas. En cambio, los dos fotógrafos que produjeron vistas en Rosario lo hicieron desde otro ángulo, principalmente desde la construcción de un imaginario de ciudad pujante, organizada, moderna, muy similar al enfoque de Paganelli.

 La difusión y apropiación de estas imágenes por parte de historiadores, editores y periodistas fue especialmente intensa entorno al frente de la Casa de Tucumán, aunque no excluyente. Existió apropiación entre sus contemporáneos, como vimos con los grabados inspirados en sus imágenes y también posteriormente, bien entrado este siglo.[19] Esto lleva a meditar sobre la necesidad de profundizar en el concepto de autoría en el siglo XIX entre los fotógrafos.  Fue una situación muy diferente que hoy en día, y mientras algunos surgían afianzando su producción con su firma, otros mantenían el anonimato y aún vendían los negativos a otro fotógrafo que los seguía usando, ahora con su nombre.

Otra similitud inesperada entre los ejemplares vistos es el tema de las dedicatorias: seis de los siete ejemplares revisados están dedicados por puño y letra de Arsenio Granillo. Esto nos hace sospechar que quizás el propio Granillo tuvo la idea de ilustrar con las fotografías una parte de la edición para convertirlos en ejemplares especiales de dedicatoria. Pero esta hipótesis solo podrá aclararse si aparecen documentos que así lo testifiquen. La gloria por haber permitido la supervivencia de estas imágenes, paradójicamente, corresponde a quien decidió incluir las imágenes en este libro. De hecho, las fotografías sobrevivieron por estar dentro de los ejemplares ilustrados, mientras que se conocen muy pocas de las vistas sueltas que Paganelli ofrecía por aquellos años, lo que nos ilustra sobre los caminos alternativos de propagación y supervivencia de una imagen a través del tiempo y de las peripecias materiales.

Estas frágiles imágenes encontraron en los álbumes y libros un recipiente más protector y duradero que cajones, carpetas o enmarcados. ¿Quizás porque el libro dormía en los estantes mientras pasaban las generaciones?

 

 

NOTAS

 

1) Mientras trabajaba en la preparación de la primer parte de mi Bibliografía de Publicaciones Argentinas con Fotografías Montadas, acostumbraba interrogar a libreros de viejo en busca de nuevos datos. El librero Del Valle me explicó que había tenido una obra ilustrada con fotografías pero que acababa de venderla; era el Granillo, así se conoce entre libreros, bibliófilos e historiadores a la obra de Arsenio Granillo, editado en 1872 en San Miguel de Tucumán.  Imposible, le contesté; yo tengo el Granillo y no tiene fotos. Que sí, que no, me terminé retirando con una gran duda. Pasé por la librería Colonial para consultar, pero estaba cerrada. Fuí entonces a Fernández Blanco, donde Don Gerardo estaba atendiendo pero me dejó revisar en anaqueles altos por medio de una escalera. Me dirigí a donde sabía estaban los libros con descripciones de provincias y saqué un Granillo…, que en lo alto de la escalera percibí diferente, como más abultado y de hojas arrugadas. Ya sabía yo que ese era un indicador informal de una obra cargada  de fotos pegadas. Casi de un salto estaba abajo, revisando el tomo que estaba lleno de fotografías en papel albuminado, mientras mi cerebro alternaba entre la excitación y la curiosidad. Terminó de atender y se acercó a saludarme y a asesorarme, resultando  que volví a casa con mi ejemplar. Así empezó mi relación con el Paganelli, como lo llamamos en el ámbito fotográfico; corría el año 1985. Al tiempo me desprendí del ejemplar, que estaba incompleto, confiando en hallar otro.¡Gran error! Pasaron cinco años hasta que finalmente conseguí otro Granillo con fotografías.

Fuí realizando un censo de ejemplares, para poder comparar copias de fotos, una a una, lo que me llevó a totalizar en colecciones privadas cinco ejemplares completos o casi; un juego de fotos sueltas incompleto y en bibliotecas públicas un  solo ejemplar, también incompleto. Esto nos muestra la rareza de estos volúmenes, que estimamos no deben haber superado la tirada de 100 ejemplares, en la variante ilustrada. Paralelamente, avancé en el estudio de vistas tempranas de las provincias y a cada ascenso en la escalera del conocimiento, peldaño a peldaño, iba apreciando la labor de Paganelli y la de la persona que decidió incorporar estas albúminas al libro, que sin imaginarlo permitió la supervivencia de imágenes de gran valor histórico. Largas conversaciones con Abel Alexander me permitieron enriquecer mis estudios, al tiempo que incorporé bibliografía acumulada por este generoso investigador. Recientes conversaciones con los tucumanos Alfredo Franco y Carlos Páez de la Torre (h) ayudaron a ampliar mi visión de la temprana fotografía tucumana.

Abel Alexander realizó un relevamiento independiente de un ejemplar en una biblioteca privada de Córdoba, parte de la biblioteca del químico y fotógrafo tucumano  Adolfo Rovelli. El resumen arroja la cantidad de 19 imágenes, de las que están faltando las de Calle Belgrano y Calle 24 de Septiembre.

Otro ejemplar visto por Alexander, ahora en París (Francia), en colección privada, constaba de 20 imágenes, sin que sepamos cual es la imagen ausente.

En la bibliografía de Palau figura el Granillo con el nº 108.566, registrando sólo 12 láminas, lo que muestra que los ejemplares completos siempre fueron raros. (PALAU, 1948-1977)

2) Aunque no hay indicios que Paganelli hubiese elaborado un álbum de vistas de Tucumán, sabemos por sus avisos en periódicos, que vendía vistas de la ciudad desde 1865 (cf. El Liberal, Tucumán, 18 de Julio de 1865).  

3) Hasta hoy, sólo hemos hallado albúminas y algún cianotipo, pero desde España, Gerardo F. Kurtz nos previene sobre la simplificación que a menudo realizamos, ya que existieron otros procesos alternativos como el de Niepce de Saint Victor (1805-1870 ) que terminaba en un positivo en papel, sin ser ni calotipo, ni papel salado ni papel albuminado.

4) Deseo manifestar mi sorpresa y admiración por la prolijidad del ordenamiento del Archivo General de Tucumán y la eficiencia de sus empleadas.

5) En el Archivo General de Tucumán, Sección Administración, Tomo 3, Vol. 119 de 1872 hallamos una nota de los editores (Establecimiento Tipográfico de la Razón, de los señores Alurralde y Quinteros) con una cotización alternativa: un precio fijo por 300 ejemplares o un precio menor si el Gobierno se suscribía a 200 ejemplares. No consta cual de las opciones se eligió, pero queda claro que la tirada general fue de 300 ejemplares, sin que se pueda decir por ahora cuántos fueron los ejemplares especiales ilustrados. Al pie de la nota, con fecha 13 de junio de 1872 y firma de Eudoro Avellaneda, se da por cumplido el contrato.

 

REFERENCIAS

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[3] El Ferrocarril (Rosario), 1º de noviembre de 1863

[4] Alexander, 1989.

[5] Villarubia Norry, 1916

[6] Franco, comunicación personal y A.G.N., C 3034, S 9.

[7] A.G.N., C 3034, S 49, 28720 y 28728.

[8] Ferrari, 1993.

[9] Gernsheim, 1984

[10] Fierro, 1927

[11] Bischoff, 1992

[12] El Liberal, 1865.

[13] Páez de la Torre (h), 1976 ;1982;1985;1986a;1986b;1994.

[14] Franco y Paz, 1999

[15] Alexander, 1985 y 1986.

[16] Buschiazzo, 1965

[17] Anónimo, 1873a.

[18] Anónimo, 1873b.

[19] Rosenzvaig, 1986 En este estudio, se usa la imagen nº 19 de Paganelli, sin reconocimiento.